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Hablemos de Vicente.

La oscilación oportunista entre posturas políticas y gustos culturales revela menos una apertura de mente que una profunda inseguridad identitaria, moldeada por la presión de pertenecer y ser reconocido por quienes se perciben como superiores. Del “Vicente” político al “fan” intercambiable El refrán “¿Dónde va Vicente? Donde va la gente” sintetiza a la persona que renuncia a su propio juicio para dejarse arrastrar por la mayoría. En política, eso se traduce en sujetos que hoy enarbolan banderas progresistas y mañana celebran discursos reaccionarios, según con quién salgan a tomar cerveza o qué esté marcando tendencia en redes. Brecht denunciaría ahí al “analfabeto político” que cree estar por encima de la política, cuando en realidad es su mayor víctima, porque entrega sus decisiones al ruido del entorno. Esa supuesta neutralidad, que a menudo se disfraza de ironía “cool”, es en realidad una forma de servidumbre: quien no piensa su posición, la recibe hecha por otros. Cultura, esnobism...

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